24/04/2008 Hace
más de un mes ya que no escribía en el blog. Lo fácil sería decir que
es que
no he tenido tiempo, pero mentiría, la verdad es que tiempo de escribir
me ha sobrado. Otra cosa es que tal y como está la actualidad, no haya
tenido muchas ganas; no me apetecía en absoluto hablar ni de la cumbre
de la OTAN en Bucarest, ni del Tíbet, ni de la merecida tortura que
espera al pueblo italiano tras la victoria de Berlusconni y, respecto a
otros temas, parece que no ha
sido un mes muy pródigo en lo que a noticias internacionales
se refiere.
Así que se me
fueron
pasando los días a la espera de algo que inspirarse mi creatividad
crítica y, finalmente, me di por vencido y decidí que, si la actualidad
pedía hablar de algo relacionado con los Juegos Olímpicos, China y el
Tíbet, pues habría que hablar de eso.
De
este tema, me llama la atención la ¿doble? no, más bien múltiple moral
de la comunidad internacional a la hora de juzgar o condenar
determinadas conductas de otros gobiernos. Hace 7 años, cuando se
nombró a Pekín sede olímpica, China maltrataba los derechos humanos
tanto o más que hoy en día, pero el hecho de ser un socio/mercado
comercial preferente de casi cualquier otro estado del mundo y,
especialmente, de EE.UU., llevó a que el "quítame ahí esos atropellos
cívicos" no obstaculizase el voto masivo de su candidatura en
absoluto. Por otro lado, la CIA, Hollywood y la Guerra Fría habían
obrado el milagro de conseguir que una teocracia feudal, opresora e
irrealista como era el Tíbet prerrevolucionario, fuese elevada a la
categoría de reino celestial en la tierra. El sufrimiento del pueblo
tibetano no fue ni más ni menos que otro arma arrojadiza entre bloques,
como ejemplo, decir que se sigue dando como válida la cifra de 1'5
millones de muertos por las tropas chinas cuando se ha demostrado que
la población tibetana total de la época no pasaba de 1'2
millones.
Por
otro lado, ahora la última moda es decir ¡Hay que separar el deporte de
la política! ¡El deporte no tiene nada que ver con la política!
¡Olimpismo por encima de la política!... pero vamos a ver ¿Ha estado la
cosa olímpica realmente separada alguna vez de la cosa política?
¿Cuántos atletas se han quedado, tras matarse durante años a entrenar,
en casa por algún problema que nada tenía que ver con los tendondes?
Hagamos un conciso repaso de las relaciones del olimpismo moderno con
la política:
Saint
Louis 1904: Paralelamente a las competiciones oficiales
inscritas
dentro de la exposición universal, se celebró un esperpento titulado
"Los Días Antropológicos" donde seres humanos de diversas razas
practicaban deportes "de blancos" para mofa de los asistentes. El barón
Pierre de Coubertin lo calificó de espectáculo bochornoso.
Londres 1908: Los
atletas irlandeses se negaron a desfilar bajo la bandera británica, los
atletas finlandeses se negaron a desfilar bajo la bandera rusa, los
atletas suecos se negaron a desfilar porque en el estadio no estaba su
bandera y el representante de la delegación norteamericana se negó a
hacerle una reverencia al rey Eduardo VII.
Berlín 1916:
Suspendidos por la Primera Guerra Mundial.
Amberes 1920: La
Primera Guerra
Mundial había debastado la ciudad, pese a los llamamientos del barón
Pierre de Coubertin para utilizar los juegos como herramienta
de reconciliación, el gobierno belga prohibió la participación
de Alemania, Austria, Hungría, Turquía, Bulgaria, Polonia y la recién
nacida U.R.S.S.
París
1924: La delegación alemana decide no participar por miedo
a posibles represalias, la guerra estaba reciente y las
heridas no terminaban de cicatrizar.
Amsterdam 1928: El
papa Pío XI protesta por la celebración de las pruebas de atletismo
femeninas.
Berlín
1936: Los
juegos Nazis.
Estos juegos fueron el escaparate propagandístico de Hitler, no sin la
connivencia internacional general, como puede apreciarse en
esta foto de la selección británica de fútbol antes de un partido.
Hitler trataba de demostrar en ellos la superioridad de la raza aria,
por lo que se dice que le sentó muy mal la victoria del atleta
afroamericano Jesse
Owens y se ausentó para no tener que condecorarlo. Posteriormente Jesse
Owens confesó en sus memorias que el gobieron alemán le envió una
felicitación por sus medallas, cosa que su propio presidente Roosvelt
jamás se dignó a hacer. España boicoteó los juegos y organizó la
llamada olimpiada popular que hubo de ser suspendida por el inicio de
la Guerra Civil.


1940: En un primer
momento, la ciudad elegida había sido Tokyo, pero la guerra con China
derivó en trasladar la sede a Helsinki donde tampoco se llegaron a
celebrar debido a la Segunda Guerra Mundial.
Londres 1944:
Suspendidos por la Segunda Guerra Mundial.
Londres 1948:
Alemania, Japón e
Italia se quedan fuera tras haber perdido la Segunda Guerra Mundial.
Melbourne 1956: En
protesta por
la invasión soviética de Hungria y la invasión anglofrancesa del Canal
de Suez, Holanda, España, Egipto, Líbano, Suiza e Irak boicotean los
juegos. También la República Popular China decide hacer boicot tras
admitir el COI a Taiwan con el nombre de República de China.
Roma 1960: El COI
obra el
milagro de hacer competir en un mismo equipo a las selecciones
de las dos alemanias.
México
1968: El año de las revueltas estudiantiles por todo el
globo no pasó
de largo de México. Aterrorizado ante la idea de que las protestas
pudieran empañar la "buena imagen" del país que se pretendía transmitir
durante los juegos, el gobierno dio orden de disparar
indiscriminadamente contra una de estas protestas, llevándose por
delante la vida de al menos 400 estudiantes a pocos días de la
ceremonia inagural. Estos juegos coincidieron también con las protestas
por los derechos civiles de la comunidad negra en los vecinos Estados
Unidos, por lo que, en solidaridad, los atletas afroamericanos Tommie
Smith y John Carlos se enfundaron sendos guantes de color negro y
alzaron el puño a la hora de subir al podio, lo que les costó su
expulsión de la villa olímpica.
Munich 1972: Los
juegos más
sangrientos de la historia. 11 atletas de la delegación israelí fueron
secuestrados y, debido a una chapuza policial, asesinados por el grupo
terrorista palestino Septiembre Negro. Las competiciones deportivas
solo se suspendieron durante un día.
Montreal 1976: El
boicot a la
sudáfrica racista no había logrado la unanimidad esperada en el ámbito
deportivo; Nueva Zelanda continuaba disputando competiciones
deportivas con ésta, por lo que varios países africanos
solicitaron la exclusión también de Nueva Zelanda. Ante la negativa del
COI, 31 estados se negaron a participar en los juegos.
Moscú 1980: Estos
juegos fueron
la primera víctima del resucitamiento de la Guerra Fría por parte del
presidente norteamericano Ronald Reagan. Urdiendo la escusa de la
invasión de Afganistán, EE.UU. decide no participar y le siguen
"voluntariamente" otros 64 países.
Los Ángeles 1984:
Contrastando
con la sobriedad en emblemas de los juegos anteriores, Los Ángeles es
un derroche de barras, estrellas, águilas y demás simbología nacional
norteamericana. Como devolución a lo anterior, y en este caso
esgrimiendo como argumento el apoyo de EE.UU. a la
contraguerrilla nicaragüense, el bloque socialista (con las excepciones
de Rumanía, Yugoslavia y China) decide ausentarse.
Seúl 1988: Corea del
Norte pide
coorganizar los juegos, a lo que se niega el COI, en protesta por ello
boicotean el evento seguidos por Cuba, Nicaragua, Madagascar, Albania,
Etiopía y las Seychelles. Éste se puede calificar del mayor favor que
ha realizado el olimpismo en favor de la democracia; Corea del Sur se
democratizó expresamente para las olimpiadas (y no parece que
hubiera otro motivo).
Barcelona
1992: Los juegos de la postguerra fría, la desmembrada
URSS participa
por última vez bajo bandera olímpica, al igual que los atletas de
Yugoslavia cuya selección no puede participar como tal debido al
bloqueo impuesto por la guerra. Quitando esto, es una de las citas
olímpicas menos politizadas del siglo XX. Los juegos se conceden a una
ciudad y ésta tiene el apoyo de su estado, cualquier otra institución
intermedia suele estar de más de cara al olimpismo. En aquella época el
alcalde de Barcelona era Pasqual Maragall (PSOE) y el presidente del
Gobierno de España era Felipe González (PSOE). Entre medio de ambos se
encontraba Jordi Pujol (CIU) como presidente de la Generalitat de
Catalunya, ante el total y absoluto ninguneo al que se le sometió
durante los juegos, llegó a decir que proclamaría la independencia de
Cataluña en el otoño posterior a las olimpiadas. Pero ni así logró
hacerse un hueco, ni en la prensa nacional ni en la internacional,
mayor que el de unas pocas líneas en las secciones de anécdotas y
curiosidades olímpicas.
Atlanta 1996: Los
juegos del
neoliberalismo. No existe una mayor muestra cultural del neoliberalismo
incipiente de los 90 que las olimpiadas de Atlanta. En una hábil
maniobra empresarial, se le arrebató la sede olímpica a Atenas, la
ciudad que todos creían celebaría los juegos del centenario, en favor
de la sospechosa cuna de cierta bebida refrescante que, aunque poco
recomendada para deportistas (muy azucarada, llena de productos
químicos y con estimulantes artificiales), si muy relacionada con el
patrocinio de éstos. Los organizadores presumían sin cesar de las
ventajas de este nuevo concepto de olimpiada neoliberal; el estado no
pagaba nada, todo lo pagaban los patrocinadores, todos los servicios
estaban externalizados, todas las infraestructuras tenían un
uso económico posterior y las que no, empezarían a desmontarse al día
siguiente, todo tenía su propietario, etc... Evidentemente, como todo
lo que produce el neoliberalismo, fue muy rentable para unos
pocos, poco rentable para la inmensa mayoría, cutre y con un
coste social importante. El exceso de externalizaciones afectó a la
seguridad que fue mayoritariamente privada y escueta, y no logró evitar
el atentado que se llevó la vida de dos personas ¿Alguna organización
terrorista internacional? No, un policía local con afán de
protagonismo.
Sydney 2000: Se
impidió la participación del Afganistán de los talibanes. Corea del Sur
y Corea del Norte desfilaron bajo una misma bandera.
Atenas 2004: Durante la ceremonia inagural, la
delegación norteamericana fue recibida con abucheos debido a la
actuación de este país en la guerra de Irak. El
bicampeón
mundial de Judo, el iraní Arash
Miresmaeili, se niega a medirse con su oponente israelí Ehud Vaks en
solidaridad con el pueblo palestino, quedando descalificado en
automático y perdiendo la oportunidad de obtener un más que posible
medalla de oro.