15/08/2007
Lamento
tener que iniciar mi blog
criticando a
quien normalmente defiendo frente a las hordas de pobres
víctimas del sorbimiento
sesal ejercido
por la clase periodística planetaria: a
Hugo Chávez. En mi
opinión, lo que ha hecho se
podría calificar de aznarada
inversa.
No estaría
nada
mal que algunos políticos recibieran alguna que
otra clase de politología
con el fin de que pudieran desempeñar
sus funciones un poco más
coherentemente con las circunstancias del lugar que gobiernan.
Si me
dejaran, sentaría a Hugo Chávez y
a José María Aznar
en un aula para recibir un seminario monográfico,
impartido por super-coco
(sí, el mismo que enseñó a mi
generación a
distinguir entre izquierda y derecha, arriba y
abajo, alante y atrás,
etc...), con
la esperanza de que tan azul
eminencia lograse hacerles diferenciar por fin
entre
parlamentarismo y presidencialismo.
No voy a entrar a
escarbar en las raíces de la historia en
busca del por qué de éstas dos
formas de entender la democracia, ni mucho
menos ponerme
a discutir cual es mejor o más
justa. Pero el asunto es que
hay dos, con características diferenciadas
y razones por las cuales
existen estas características
diferenciadas. En una democracia presidencialista,
del estilo de las que llenan el continente americano desde
EEUU hasta
Argentina, el jefe de Estado es un presidente que asume una
gran cantidad de funciones y poder y que, en
prácticamente todos los
casos, copa también las funciones y poder de jefe
de gobierno, jefe del
ejército y otros; es elegido
directamente por el pueblo y, por
tanto, al menos en teoría, solo el pueblo lo puede
quitar. En
una democracia de tipo parlamentarista, más al
estilo de las que tenemos
en Europa, siempre hay un jefe de estado que
podríamos calificar de
"simbólico" por encima del jefe de gobierno (un rey
u otro
presidente), al jefe de gobierno no se le elige directamente
sino
que es el parlamento el encargado de nombrarlo y, por
consiguiente, el
parlamento puede quitarlo cuando lo considere oportuno
mediante la moción
de censura u otro mecanismo análogo.
Estas
diferencias de poder, abismales, entre un jefe del estado de
una
democracia presidencialista y un jefe de gobierno de una
democracia
parlamentarista son las que dan lugar a que ciertas
tradiciones
democráticas sean necesariamente
diferentes. De ahí que, pese al
entusiasta aplauso de sus partidarios,
resultase ridículo que el expresidente
Aznar, jefe de
gobierno de una democracia parlamentarista europea,
decidiese autolimitar
su mandato a dos legislaturas y
disolver el parlamento justo a fecha fija. En una
democracia presidencialista, es imprescindible que haya una
fecha fija
para convocar elecciones, bien sea al parlamento o a la
presidencia,
porque no existe un control directo de uno sobre otro, ni el
presidente
puede disolver el parlamento ni el parlamento destituir al presidente.
Pero
esto es Europa y aquí las cosas son de otra manera,
los jefes de gobierno
de la mayor parte de las democracias de Europa occidental
disuelven
el parlamento antes de que llegue la fecha límite
si les conviene (por
ejemplo justo antes o justo después de una gran
decisión de gobierno) y
repiten cuantas legislaturas les permita su pueblo y su
partido y no sucede
ninguna catástrofe debido a que tienen limitado su
poder por varios puntos
que les impiden desmanes. No es así en las
repúblicas presidencialistas, donde se suele tener
limitados
los mandatos presidenciales a uno o dos como
máximo.
Es por eso que estoy
un poco decepcionado con la idea del presidente
Chávez de cambiar la ley
para permanecer
en el poder posteriormente a
finalizar su segundo mandato. En un modelo de estado como el
que gobierna el señor Chávez, los
presidentes han de estar limitados
en número de mandatos, la tendencia al caudillismo
en ese modelo de
democracia es demasiado grande como para no ponerle un
control temporal.
Existe una gran cantidad de gente muy capaz y
muy válida dentro del movimiento
bolivariano como para sustituir a Hugo Chávez al
frente de Venezuela y
ésta ha sido una oportunidad muy
importante que se ha desperdiciado
de demostrar que el bolivarianismo
no es algo de
solamente de una persona sino un gran movimiento ideológico
compuesto por
multitud de gente preparada y luchadora.