16/08/2007
Las
bolsas se van a pique; cual castillo de naipes ante huracán monzónico han ido
cayendo una tras otra todas las de éste
llamado primer mundo. No poseo acciones, ni fondos de
inversión, ni nada que
pueda perder valor en un parqué de esos, tampoco este blog
va especialmente orientado a aquellas personas que poseen ese tipo de
propiedades.
¿Por qué es
entonces que comienzo la reseña de hoy del blog con esa
información? pues porque tengo unas ligeras
nociones del funcionamiento de la economía internacional y
sé como nuestros
empleos, nuestros alimentos, nuestros ahorros (para quien los tenga),
el
combustible de nuestro vehículo (para quien tenga
vehículo motorizado), en
definitiva, toda la economía, depende de una serie de
partidas simultaneas al monopoly
que se juegan en esos templos de ésta nueva
religión
que es la tecnocracia liberal.
El capitalismo (¡ooops! se me
olvidaba que esa palabra está prohibido escribirla, ahora
todo el mundo me
llamará comunista) está compuesto en su línea
temporal por una suerte de ondas en cuyas crestas podemos situar los
periodos
calificados de "bonanza" y, en sus valles, las tan temidas
"crisis". Un descenso generalizado en la generosidad de los premios
de la tragaperras bursátil no es necesariamente
sinónimo del inicio de una
crisis económica, pero todas las crisis
económicas han comenzado así.
No quiero que parezca que
estoy utilizando este humilde
espacio para hacer agorerismo del advenimiento de la hecatombe
económica de turno, sino mostrar un detalle del que todos
nos daremos cuenta
tarde o temprano si es cierto que esta crisis llega ahora o
más tarde.
Si uno hecha un vistazo
rápido a la historia de ésta nuestra
era capitalista reparando en esos puntos de inflexión que
suponen cada una de
las crisis, pronto caerá en la cuenta de cuan felices y
prósperos fueron, para
una buena parte de la población, los años previos
a las recesiones; tenemos los
locos años 20, la década prodigiosa de los 60 o
nuestros muy particulares
fastos del V centenario con Expos
y Olimpiadas
previos a la crisis del 94.
El asunto es ¿Y ahora?
¿Que tenemos? No es que esas épocas
antes citadas fueran verdaderas épocas de bonanza para el
común de los
trabajadores, en absoluto, fueron fundamentalmente bonanzas para los
que todos
sabemos que siempre están en bonanza, pero algún
que otro fruto del árbol del
desarrollo llegaba a ser catado por las capas más sufridas
de la sociedad en
medio de esos mares de abundancia y euforia. Repito la pregunta dicha
arriba ¿Dónde
están los beneficios de esa bonanza
económica ahora? Vivienda por las
nubes con su consiguiente legión de treintañeros
viviendo con sus padres aún, salarios de vergüenza
que no llegan a cubrir las
necesidades básicas, servicios de calidad infame (como pille
al que dijo que
las privatizaciones iban a traer mejor gestión de los
servicios públicos), si
bien nos acercamos al pleno empleo esto va a ser un pleno empleo
patético con
precariedad e inseguridad por allá donde se mire, precios de
todo los básico
por las nubes, etc...
Lo que me aterra es: si este es el
panorama en plena bonanza
económica, con España como 8ª potencia
económica mundial y un crecimiento económico
ultralabado por el clero
de la iglesia económica
neoliberal ¿Cual será nuestra calidad de vida si
sobreviene una recesión económica?
¿Le tendremos que decir al ministro de economía
de turno que nunca nos llegamos
a aflojar el cinturón cuando nos diga que nos lo apretemos?
¿Que nos van a
quitar si no tenemos nada?
En fin, cuando hago predicciones
agoreras me encanta
equivocarme, así que me alegraré si esto es un
simple reajuste de los mercados
sin consecuencia directa para los que no deberíamos de
perder nada en la bolsa,
porque cuando la bolsa gana nadie se acuerda de nosotros, porque si
esto es el
principio de una recesión económica, vamos de cúbito
supino.