07/01/2008 Feliz
año para todos aquellos que se rijan por el calendario
gregoriano.
Mi
intención
era la de haber actualizado hacía
unos días, pero me encontré con la
desagradable sorpresa de que mi dominio gratuito .es.mw
decidió celebrar el año nuevo eliminando El
Politiquiblog
de su lista de redirecciones sin previo aviso y sin más
explicaciones, por lo
que mientras me decidía a contratar un dominio de pago y
realizaba las
gestiones oportunas, pasó una semana y se me han quedado
varios temas de
actualidad en el tintero.
Vamos
a lo que importa.
Es
casi obligado para cualquiera que se interese por la
política internacional
nombrar el asunto de las elecciones primarias en EE.UU.
Es tan triste como cierto que ese proceso electoral es el
más importante de
todo el globo planetario. Yo soy partidario de la idea de que toda
política
internacional está interconectada, por recóndito
y alejado que esté un lugar en
el mundo, las consecuencias de las decisiones allí tomadas
pueden terminar
afectándonos aquí. El asunto es que incluso para
eso hay grados: la reelección
de Saakasvili como
presidente de Georgia se puede
traducir automáticamente en un ingreso de ésta en
la OTAN, pero nada comparable
con lo que nos afecta que los ciudadanos de la primero potencia mundial
elijan
a uno u otro presidente para su país. Por ejemplo, si Bush
hijo nunca hubiera gobernado, quizás ahora mismo
habrían un millón más de seres
humanos de nacionalidad iraquí sobre el mundo y
quizás dependan las vidas de otro
millón de seres humanos, en este caso de nacionalidad
iraní, de quien sea el
próximo elegido.
Esas
son las razones por las cuales pienso que a todos los ciudadanos del
mundo nos
debería preocupar lo que suceda por esos lares cuando
se acercan votaciones. Otra cosa es lo que les preocupe a los
ciudadanos de ese
país a la hora de elegir presidente. No suele ser habitual
que entre en campaña
electoral el tema de cuantos extranjeros van a morir si gana tal o cual
candidato, ellos tienen otras preocupaciones: por ejemplo, si seguimos
con la
tradición de elegir a un hombre blanco como presidente o
variamos y elegimos a
un hombre negro (Barack Obama)
o una mujer blanca (Hillary Clinton).
Estos
dos aspirantes a candidato por parte del Partido Demócrata,
han hecho del
“cambio” el centro de sus discursos. Como siempre,
partiendo de
presupuestos falaces con los cuales es fácil tomarle el pelo
al votante. Vamos
a ver, en primer lugar, el color de la piel o el sexo no convierten a
una
persona en mejor o peor. En segundo lugar, un individuo no modifica un
sistema,
más bien es el sistema el que modifica a los individuos. Si
alguien espera que
los resortes de poder estadounidense se inunden de valores femeninos o
plurirraciales por la llegada a
la Casa Blanca de alguno de
estos dos, que espere sentado. No hay que irse muy lejos, echando un
vistazo a
la administración actual se puede observar claramente como
una mujer negra como
Condoleeza Rice puede
tener una escala de valores de
hombre blanco político tradicional sin que su sexo o su
color de piel influyan
en sus acciones en lo más mínimo.
Bien
es cierto que ni Obama
ni Clinton
son Condoleeza Rice,
pero tampoco son Malcolm
X y Valerie Solanas
precisamente, por lo que si alguien ha puesto alguna esperanza en que
la
política norteamericana cambie de forma radical por la
elección de alguno de
los dos, me temo que se va a llevar una decepción bastante
grande.