27/01/2008 ¡Se
acabó el liberalismo!
Si, ya sé que
no ha sido como muchos
hubiéramos soñado: no
ha habido ninguna ola nacionalizadora
de sectores
estratégicos, ni una gran movilización de
trabajadores tomando las calles a la
luz de facultades de económicas ardiendo, ni un suicidio
colectivo de tecnócratas,
ni ha tomado el poder político del mundo la izquierda
radical, ni ninguna otra
cosa clasificable como idea romántica. Se acaba de la
anodina forma que le
corresponde acabarse a una ideología que intentó
dominar el mundo a base de
hacerse pasar por ciencia incuestionable, de una forma tan anodina que
parece
que sólo me he dado cuenta yo.
El foro de Davos
ha sido siempre
ese siniestro encuentro donde la élite
política y
económica se juntan por unos días y, con cargo al
bolsillo de los
contribuyentes unos y con los beneficios extras de la
moderación salarial de
los trabajadores otros, se dedican a acordar que tipos de leyes pueden
aprobar
los primeros en sus países para que los segundos puedan
hacerse aún más ricos.
A todo ese tejemaneje lo llaman “debatir sobre la marcha de
la economía mundial”.
Como corresponde a lo que allí se debate, el foro de Davos
solía ser la orgía neoliberal por excelencia,
pero este año sucedió algo en
absoluto habitual para lo que nos tenían acostumbrados.
El Fondo Monetario Internacional era una de esas
instituciones neoliberales por excelencia, por eso
sorprendió a propios y
extraños que su actual presidente, Domnique Strauss Kahn,
recomendase a varios
gobiernos flexibilizar su política fiscal…
¡Aunque eso suponga aumentar el
déficit! Finiquitando con ello la tradición
mantenida por este organismo en los
últimos 25 años de que la única receta
macroeconómica posible estaba basada en
la contención del gasto público.
Curioso ha sido
también de donde le ha
provenido la
principal felicitación por el consejo: del ex secretario del
tesoro
norteamericano Larry Summers.
Hace ya algún tiempo que el otrora Cid Campeador del
neoliberalismo
internacional George Bush, comenzó
a distanciarse de sus principios ideológicos en materia
económica, dejando con
dos palmos de narices a todos aquellos elementos ultraliberales de su
corte a
los que prometió, entre otras cosas, privatizar la seguridad
social
norteamericana.
Hace ya 7 años
que nacía el proyecto
de liberalizar en
extremo el comercio mundial, llamado “Ronda de
Doha”; proyecto que
se ha estancado y retomado infinitas veces desde entonces. Una de las
señales
de que el liberalismo que lo promovió en su momento ya no
posee la fuerza de
antaño está en el enésimo intento de
echarlo a andar que ha tenido lugar en Davos.
Parece que a última hora todo son prisas, el
secretario de comercio de la UE, Peter
Mandelson, ha confesado
que si no se logra el acuerdo con George
Bush como presidente,
difícilmente
la administración que salga de las próximas
elecciones en Estados Unidos retome
el proyecto donde se dejó.
La lucha contra el
neoliberalismo ya no se circunscribe al
eje de confrontación “derecha-izquierda”
al que estábamos
acostumbrados durante los años 90. La principal
razón de la defenestración de
esta ideología económica está en la
pérdida de confianza que se ha producido
hacia ella dentro de la propia derecha política
internacional. Como ejemplo, ya
ajeno al foro de Davos,
un comentario del presidente
francés Nicolás Sarkozy
al respecto del supuesto fraude
multimillonario a Société
Générale.
Voy a reproducir literalmente lo dicho por éste, porque no
tiene desperdicio
proviniendo de alguien de la derecha europea:
"Tenemos
que poner freno a este sistema financiero que está fuera de
quicio y ha perdido
de vista su propósito (…)
El objetivo del sistema
financiero es que se
preste dinero para actividades económicas y, a cambio,
genere beneficios. No es
para especular en distintas actividades que generan enormes flujos y
beneficios
en pocas horas (…) Si
una
persona puede obtener beneficios en pocas horas, también
puede tener pérdidas
gigantescas también. Y es el momento de percatarse de que
(necesitamos) introducir un
poco de prudencia
en todos
estos sistemas (…) quiero
un
tipo de capitalismo (…) que
deje más espacio para el emprendedor que para el
especulador. La especulación
no crea riqueza (…) Ahora
es el
momento de dar transparencia y nuevas normas prudentes al sistema
financiero
global (…) y
promover
los
préstamos para negocios y para aquellos que crean riqueza en
lugar de para
aquellos que buscan comprar para destrozar y especular"
Vivir
para ver. Hace diez años hubiera sido impensable
imaginarse a su correligionario, el entonces presidente Jacques Chirac,
pronunciando semejante
discurso, pero a la vista
está de que estamos viviendo una nueva época.
Aunque hay quien podría discrepar
viendo como, en España, el candidato conservador a la
presidencia del gobierno
Mariano Rajoy ha
elegido, precisamente, a un peso
pesado del liberalismo nacional como Manuel Pizarro para su
número dos en la
lista por Madrid para las próximas elecciones de marzo.
Yo me
he estado imaginando una
hipotética reseña histórica sobre
Rajoy escrita dentro
de unos años que podría perfectamente rezar algo
así como: “…y como
colofón a la suerte de despropósitos que le
impidieron llegar, en este segundo
y último intento, a la presidencia del gobierno
español, estuvo el hecho de
elegir como su número dos a un liberal precisamente en el
momento en que el
liberalismo entraba en decadencia…”