24/02/2008 Como
era de
esperar, Kosovo ha
declarado
unilateralmente su independencia. Hay un chiste circulando por
ahí que dice
“¿En qué se parece Serbia con los
teléfonos móviles?... pues en que cada
año son
más pequeños.” La pasmosa facilidad con
la cual,
en pleno corazón de Europa, han logrado la
emancipación hace albergar toda
suerte de esperanzas a otros pueblos de éste y otros
continentes en sus
particulares aspiraciones secesionistas. Es por eso que, tomando
recortes del
caso kosovar, he elaborado esta
pequeña guía para ayudar a
todas las naciones que se sientan subyugadas a lograr su propio
“Leviatán”
(que lo llamaría Oswaldo de Rivero):
Sé
una auténtica nación sin
estado:
No
está muy claro cuales son los requisitos para ser una
auténtica
nación sin estado, pero desde luego que no los cumplen ni
los kurdos, ni los palestinos,
ni los saharauis.
Quizás estén relacionados con
imitar el nacimiento de la nación norteamericana, es decir,
llegar, barrer con
quien estaba ahí antes y luego reclamar el territorio como
propio; épica
historia que comparten, además de con Kosovo, con Israel.
No
seas terrorista: Eso
quiere decir que no puedes matar a ciudadanos de países
aliados de Estados
Unidos; ametrallar serbios o macedonios no es considerado acto de
terrorismo.
Usa
el vale descuento de
genocidios: Por
cada genocidio sufrido en propias carnes,
la comunidad internacional te garantiza impunidad total a la hora de
perpetrar uno
tú. Esto no solo ha funcionado con los albanokosovares,
también ha funcionado con Israel.
Busca
una buena forma de
financiarte:
Narcotraficar con la
heroína que viene desde Afganistán hacia Europa
es perfectamente válido y legítimo.
Que
tu futuro estado sea
viable económicamente:
Si tu pueblo vive únicamente del
contrabando, la mafia, las remesas de los emigrantes y la asistencia
social de
Naciones Unidas, se considera que es un estado viable
económicamente.
Tu
estado ha de ser
homogéneo étnicamente:
Esa es la razón principal de que se te
dé la independencia, pero si en un pedazo de tu
país siguen siendo mayoría los
del grupo étnico de tu vieja metrópoli, tampoco
pasa nada. Siempre puedes llenarte
la boca con bellos discursos sobre el respeto de la diversidad
étnica en el
nuevo estado, por mucho que te pasases por el forro esos mismos
discursos
cuando eras tú la minoría de otro país.
Ten
un ejército que
garantice tu soberanía:
Y si no lo tienes tampoco te agobies,
la OTAN te presta uno.
Llévate
bien con las grandes
potencias:
O, al menos, mejor de lo que se lleva tu estado opresor.
Si caes en gracia en Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania,
casi te
puedes olvidar de cumplir cualquier otro requisito para optar a la
independencia.